Elvira Rodrigo y Graciela Mulet


Elvira Rodrigo Castilla y Graciela Mulet López, personas con una larga e intensa relación con la fotografía. Si sólo consideramos profesionales a aquellas personas que perciben una retribución económica por el trabajo realizado, podemos decir NO, no somos profesionales, pero al menos disfrutamos disparando con nuestras herramientas fotográficas para poder contar lo que vemos y vivimos.

SeAlquila Mercado

“EL ODACREM” (2013). Fotografía.
Proyecto conjunto de dos amantes de la fotografía que crean, sueñan y se expresan a través de ella. Con este proyecto pretendemos definir las diferentes acepciones de la palabra "mercado" a través de la visión personal de las fotógrafas.

El concepto de mercado va más allá de la acepción del diccionario donde se define como: "Operación de compra y venta". En realidad, ésta es la esencia del concepto “mercado”, pero, con estas fotografías, queremos mostrar las connotaciones que se le han ido otorgando a la acción de compra-venta a lo largo de la historia y, sobre todo, en nuestra historia más reciente.
El mercado forma parte de nuestras vidas, de nuestros recuerdos infantiles, de nuestra forma de entender y relacionarnos con el entorno. El mercado ha hecho que surjan nuevas relaciones de explotación y dependencia, nuevos sistemas de control del ciudadano, de engaño a la población, de mercantilización de la vida del ser humano.
Pero, el mercado, no sólo nos ha traído cosas negativas. La desesperada lucha por escapar de sus normas nos ha hecho sentarnos a reflexionar y encontrar nuevas formas de expresión, de consumo, de entender el dinero y nuevas formas de comportamiento en las relaciones de compra-venta.
Iniciativas como los mercados de segunda mano, las tiendas gratis, los mercadillos, el trueque, los mercados ecológicos o los bancos del tiempo, son sólo algunas iniciativas que han nacido como respuesta crítica a un
concepto de mercado que deja en un segundo plano a las personas y sus necesidades, dando primacía a los intereses económicos.


A diario consumimos alimentos que pueden ser adquiridos en los, casi extintos, mercado de abastos, lugares que forman parte de nuestra infancia cuando acudíamos acompañando a nuestras madres y abuelas; aún hoy podemos sentir esa mezcla de olores, colores y sonidos que aderezaban esos momentos.
Es durante los años 90, cuando aparecen en nuestras vidas los grandes templos del consumo, lugares que hacen que cambien nuestros hábitos de compra y de ocio, modifican el paisaje de nuestras ciudades, nuestra educación y nuestra visión del mundo; algo que normaliza el concepto “globalización” y pasa a formar parte de nuestro día a día. 
Todas nosotras hemos sido testigos de la evolución de un concepto tan sencillo como es “comprar”. Entre el concepto de comprar que tenían nuestros abuelos y el que nosotros tenemos ahora, existe una brecha generacional. Los primeros compraban por necesidad y en cambio en nosotros han sembrado la necesidad de necesitar, lo que ha modificado nuestra forma de ocio, los hogares y la relación con nosotros mismos y el resto de personas.